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| by D. A. Siqueiros |
Estoy en mi habitación. La puerta está cerrada, pero la ventana no. Al lado de la ventana hay una mesa. Debajo de la mesa están mis zapatos. Me he despertado y he abierto los ojos. Son las tres de la mañana. No se oye nada. ¡Mentira! hay alguien al lado de la puerta ¿quién es? tengo miedo, mucho miedo...
LAURA ESPINDOLA:
No me atrevo ni a estirar el brazo para encender la luz. No sé qué hacer. Estoy perdida, confusa. Veo una sombra. Se mueve. Se acerca. Se aleja. No se queda quieta. Es una silueta ancha. Con mucho pelo. Se para y me mira. Me sigue mirando sin hacer nada. Tengo mucho miedo. Ni siquiera respiro. Voy moviendo los pies poco a poco. Me los acerco al cuerpo. Me tapo entera. La sombra sigue quieta. No sé qué hacer. Probar a gritar, o encender la luz. La sombra gira la cara de golpe. Me asusto. Pego un grito. La sombra desaparece. Me tranquilizo y pruebo a dormir. Veo algo que se acerca. Es la sombra. De nuevo está aquí. Vuelvo a asustarme. ¿Será un espectro? ¿Un muerto?. O ¿un exorcista? No lo sé. Estoy preocupada. ¿Y si me mata?. Sigo sin saber qué hacer. Tiene algo en la mano. No lo distingo muy bien. Creo que es un hacha. Voy a encender la luz. La enciendo. Es un hombre peludo. Con una hacha. Se me acerca. Y...
LAURA CASTRO:
Oigo una respiración. Alguien susurra mi nombre entre la oscuridad. Veo como una sombra alargada se acerca a mí. Una náusea recorre mi cuerpo oprimiéndome el estómago como si fuera una garra. El pulso se me acelera. La sombra está cada vez más cerca de mí. De repente un rayo de luz ilumina toda la casa permitiéndome ver el rostro de esa siniestra sombra. Noto como la sangre se paraliza en mi interior. Mis músculos se vuelven de piedra. La razón abandona mi cerebro, mientras una imagen se clava en mi mente. Mi propio rostro ante mí. De repente, se apaga la poca luz que reinaba en mi habitación. Siento miedo. No puedo ver. Sólo sentir un punzante dolor que me roba la vida.
NATALIA LYUTA:
Tengo miedo de girar la cabeza y ver ahí a la niña que murió hace tres días. En mis manos. En esos momentos mi corazón se paró, pero luego volvió a la vida.... Toda mi ropa estaba llena de sangre ¡Ay! No quiero recordar ese momento. Tal vez quiero que eso sea un simplemente sueño. Pero no ¡¡¡La maté!!! No fue culpa mía, pero... ¡Ahora o nunca! Tengo que girar la cabeza. La veo: es ella, ¡muerta y viva a la vez ! Me mira con mirada asesina. En sus manos tiene el cuchillo con el que la maté. Se acerca a mí y...
NÚRIA SALVADOR:
NÚRIA SALVADOR:
No consigo distinguir bien quién hay. Parece una niña. Lleva un camisón largo. Estoy aterrada. “¿No sería esto otra broma pesada de mi hermano?” No podía ser. Él no estaba en casa esta noche, tampoco mis padres. Cada vez siento más miedo. Aquella niña sigue allí, no se mueve, ni un milímetro. La ventana se ha cerrado de golpe. Me he asustado y he chillado. La niña parece que empieza a caminar. Me aferro a las sábanas de mi cama, como si mi vida fuera en ello. La luz de la luna entra por la ventana e ilumina a la niña.¿Está muerta? Una náusea recorre mi garganta. La niña, cada vez más cerca tiene la mirada puesta en el suelo. De repente, un golpe de viento vuelve a abrir la ventana. Es entonces cuando la niña levanta la cabeza. Me mira fijamente, con una mirada asesina. Se ha parado delante del armario y ha abierto la puerta.
¡No puede ser! Mi hermano estaba ahorcado.¡Pero si él ni siquiera estaba en casa! La niña se gira hacia donde esta mi cama. Lleva un cuchillo en la mano. Cada vez está más cerca y yo estoy temblando y llorando del miedo. Se ha parado delante de mi cama, levanta el cuchillo y...Todo ha acabado lleno de sangre.

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